¿Por qué cuesta tanto mantener vivo el español entre los latinos en Estados Unidos? 

Los latinos han tenido una relación complicada con el español debido a la exclusión y el estigma hacia los inmigrantes. Pero, en el actual clima político de Estados Unidos, celebrarlo y transmitirlo se ha vuelto más difícil que nunca.

(De izquierda a derecha): Sophie, Erick, Thiago, Adela y Theo. La familia estaba celebrando el primer cumpleaños de Theo. Foto: Brianna Paulino.

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Cuando era niña, Adela Alvarenga, una salvadoreña criada en Long Island, hablaba español en casa con su familia. En la escuela primaria, sus maestras enseñaban en inglés, pero la mayoría de sus amigas eran latinas que hablaban español, así que se comunicaba con facilidad en ambos idiomas.

Sin embargo, a los 12 años, Alvarenga cuenta que empezó a sentirse avergonzada de hablar español en la escuela. Intentó hacer más amistades con chicas nacidas en Estados Unidos y se alejó de sus amigas hispanohablantes. A medida que el inglés se convirtió en su idioma dominante, su fluidez en español empezó a deteriorarse. Durante años, su madre siguió hablándole en español, pero Alvarenga respondía mayormente en inglés y se fue distanciando de las tradiciones salvadoreñas que practicaba su familia.

Actualmente, a los 30 años, Alvarenga vive con sus tres hijos —Sophie, de 12 años; Thiago, de 2; y Theo, de 1— e intenta mantener un hogar bilingüe. Pero su hija mayor solo habla español a un nivel básico.

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“Quería que Sophie se comunicara bien en la escuela, que tuviera amigos y que no se quedara atrás. Así que le hablamos en inglés hasta que cumplió 8 años”, dijo Alvarenga, señalando que Sophie tenía un retraso en el habla cuando era pequeña, y Alvarenga no quería ponerle más presión.

“Ahora siento que hice algo mal”, añadió Alvarenga. “Pero estamos intentando ser más bilingües en casa”.

Con sus dos hijos más pequeños, Alvarenga ha hablado en inglés y español desde que nacieron. Thiago puede responder de forma bilingüe a casi cualquier pregunta que le hagan.

Como Alvarenga, muchos latinos están reemplazando el español por el inglés en sus hogares. Por muchas razones, aprender o mantener el español se ha vuelto cada vez más complicado para los latinos en Estados Unidos. El contexto político actual, en el que el expresidente Trump declaró el inglés como idioma oficial del país, tampoco ha ayudado.

Un estudio del Pew Research Center de 2023 reveló que en el año 2000, el 78 % de los latinos hablaba español en casa, pero para 2022 esa cifra había bajado al 68 %. Este descenso ocurrió principalmente entre los latinos nacidos en EE.UU., en un contexto en el que la población latina creció significativamente en el país.

Para muchos, la decisión de alejarse del español no es permanente. A medida que crecen, algunos latinos reconocen que hablar español les permite conectarse con sus familias, sus raíces, sus tierras y sus identidades.

“Muchos chicos se arrepienten de no haber hablado su lengua de origen durante la escuela, pero en la universidad deciden recuperarla y, a veces, comienzan a tomar clases de su lengua materna”, dijo Tatyana Kleyn, profesora de educación bilingüe en el City College de Nueva York (CCNY).

Así fue como Alvarenga reconectó con el español.

“Después de tener a mis hijos, entendí que había dejado de lado una parte muy importante de mí al intentar esconder mi latinidad”, contó Alvarenga. “Sé que mi español está bastante roto, pero lo quiero mucho, es parte de mi identidad”.

Esta situación ha dado lugar a un movimiento entre latinos nacidos en EE. UU. que quieren recuperar el español. Se autodenominan “niños No Sabo”, un término que antes era usado como burla o insulto. Proviene de una mala conjugación del verbo saber en español: en vez de “no sé”, algunos chicos decían “no sabo”. Con el tiempo lo resignificaron como símbolo de su identidad híbrida.

“El término ‘no sabo’ solía tener una connotación negativa,” explicó Kleyn. “Pero creo que ahora los latinos en EE. UU. están demostrando que para ellos el español y el inglés pueden convivir”.

Diversos estudios indican que la mayoría de los inmigrantes de tercera generación pierde el idioma de herencia familiar. Kleyn explicó que esto se replica en las comunidades latinas por varias razones.

“No tenemos suficientes programas educativos para que los estudiantes se vuelvan bilingües y alfabetizados en ambos idiomas”, dijo. “Además, en algunos lugares puedes ser blanco de ataques por hablar español, y existe un sentimiento de vergüenza asociado a hablarlo”.

María Meneses emigró a EE. UU. desde México en 1999 con sus dos hijos adolescentes. Sus dos hijos mayores hablan español con fluidez y sigue siendo su lengua materna. Pero Naydelyn Bravo, su tercera hija, nació en Flatbush, Brooklyn, y a pesar de los esfuerzos de Meneses, Bravo no logró desarrollar fluidez en español.

“En la secundaria empezó a responder en inglés a las preguntas que le hacíamos”, contó. “Sé que fue porque la mayoría de las personas en su escuela eran blancas y hablaban solo inglés. Ahora solo entiende español si se lo hablan con mi acento, no entiende el español de otros países”.

(De izquierda a derecha) Miriam, María, Noah, Julián y Naydelyn Meneses en un evento donde Meneses trabaja como promotora de salud con Planned Parenthood. Foto: Denis Ibarra.

Su hija Bravo, hoy madre a los 21 años, intenta enseñarle español a su hijo Noah, de 2 años, a pesar de sus propias limitaciones con el idioma. Sin embargo, su pareja solo habla inglés.

“Estoy intentando hablarle en ambos idiomas a Noah para que pueda entender y hablar con sus abuelos”, dijo Bravo. “Su papá habla principalmente inglés, pero todos sus abuelos son hispanohablantes”.

Aunque Noah escucha ambos idiomas, Meneses dice que siente que su nieto está más expuesto al inglés. Según el Instituto del Servicio Exterior de EE. UU., se necesitan entre 600 y 750 horas de inmersión regular en un idioma para alcanzar fluidez.

“Trato de hablarle en español a Noah para mantener viva la herencia hispanohablante en la familia, pero él solo responde en inglés”, dijo Meneses.

Algunos latinos nacidos en EE. UU. usan menos el español porque han sido ridiculizados por no hablarlo “lo suficientemente bien”, algo que Bravo dijo haber experimentado.

“Recuerdo que mi familia se burlaba de cómo decía las cosas”, recordó Bravo. “No podía decir ‘cocodrilo’ en español y se reían de cómo lo pronunciaba”.

Kleyn explicó que a menudo hay una doble vara para los latinos que hablan español en EE. UU.

“Todos están de acuerdo en que el bilingüismo es útil y beneficioso, pero la pregunta es: ¿el bilingüismo para quién?”, se preguntó Kleyn. “Cuando una persona blanca crece hablando inglés en este país y aprende español, la gente se impresiona mucho. Pero si un latino habla inglés con acento, no importa cuán bien hable español, siempre lo juzgan por no hablar inglés ‘lo suficientemente bien’”.

Esa doble vara para medir puede traducirse en violencia. Meneses contó que cuando su hijo Julián era el chico nuevo en su escuela en Brooklyn, su inglés era básico y tenía dificultades para seguir las clases. Sus compañeros eran en su mayoría estadounidenses, y tenía pocos amigos. Un día, dijo, fue agredido por estudiantes mayores estadounidenses por ser “el chico que hablaba español”.

Aunque el segundo gobierno de Trump intensificó las narrativas y políticas antiinmigrantes, Alvarenga dijo que quienes hablan español deben resistir.

“Ahora más que nunca no podemos olvidar de dónde venimos: nuestro idioma y nuestra herencia latinoamericana”, afirmó. “Por eso siempre me siento orgullosa de decir que hablo español. Me ayudó a ser una mejor persona”.

Traducción por María Pilar de Vera y Milagros Oliden.

Ana María Betancourt Ovalle

Ana María Betancourt Ovalle is a Colombian reporter based in New York City, covering the intersection of the Latinx community with arts and cultural expressions, language, social dynamics, and immigration.

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