Dentro de la Iglesia St. Paul & St. Andrew, en el Upper West Side, Niurka Meléndez se paró frente a casi 100 migrantes, muchos de ellos venezolanos. Era lunes por la mañana, apenas dos días después de que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, fuera capturado por fuerzas estadounidenses en una operación nocturna.
Meléndez, fundadora de Venezuelans and Immigrants Aid (VIA), una organización que durante la última década ha ayudado a miles de migrantes a integrarse en la sociedad estadounidense, pidió a los asistentes que levantaran la mano si sentían que sus familias en Venezuela podían ser perseguidas por celebrar la captura de Maduro.
“Te quedarías loco la cantidad de hermanos que levantaron en ese momento la mano, la cantidad de personas que levantaban la mano”, dijo Meléndez y añadió que, aunque muchos expresaron alegría durante la reunión de tres horas, su espíritu de celebración tenía una capa adicional de incertidumbre. “La persecución continúa, el miedo continúa, la opresión continúa”.
La escena dentro de esa iglesia ejemplifica las emociones complejas que rodean la captura de Maduro: mientras muchos de los aproximadamente 8 millones de venezolanos que huyeron del país desde 2014 celebraron, algunos inmigrantes venezolanos con los que habló Documented también se sienten inquietos por las consecuencias a largo plazo de la intervención de Estados Unidos en su país de origen y por su propio futuro en este país. En la ciudad de Nueva York, que ha visto la llegada de miles de solicitantes de asilo venezolanos en los últimos cinco años, algunos salieron a las calles tras la captura, celebrando lo que consideran el fin de un régimen de décadas. Pero a medida que se desvanecieron las celebraciones, migrantes con casos de asilo pendientes también están ansiosos por lo que vendrá y la incertidumbre de poder permanecer en EE.UU.
“Les dije a todos que apenas todo está ocurriendo, que tenemos que esperar”, dijo Meléndez, en referencia a la captura de Maduro. “El asilo no es por la condición del país; el asilo es caso por caso”.
Como informó Documented la semana pasada, los solicitantes de asilo venezolanos reaccionaron a la noticia con tonos de celebración, pero al mismo tiempo algunos también dijeron que querían permanecer en Nueva York. Dijeron que han establecido sus vidas en la ciudad: han construido un hogares, creado amistades y que envían a sus hijos a la escuela aquí. Además recalcaron que Venezuela todavía tiene que reconstruirse.
Pedro Chávez, abogado de inmigración con más de siete años de experiencia trabajando con solicitudes de asilo, dijo que la situación de Venezuela es agridulce tanto para quienes tienen casos pendientes y quieren quedarse acá como para los inmigrantes que desean abandonar sus solicitudes y regresar a Venezuela.
Chávez planteó un escenario en el que el gobierno de EE.UU. y Venezuela lleguen a un acuerdo que, en teoría, haría a Venezuela más segura para los disidentes políticos u opositores al régimen de Maduro. Si eso ocurre, el gobierno estadounidense podría argumentar que es seguro para los solicitantes de asilo regresar a su país y negar las solicitudes pendientes. Muchos de esos casos han estado en pausa desde diciembre, cuando la administración Trump suspendió las decisiones de asilo para los casos procesados por USCIS.
Existe un precedente histórico para esto. Chávez explicó que cuando terminó la guerra civil en Guatemala en 1996, el gobierno de Estados Unidos negó alrededor de 250.000 solicitudes de asilo político guatemaltecas I-589 bajo el argumento de que el país ya no estaba en guerra. Añadió que los solicitantes venezolanos y quienes no tienen estatus legal podrían correr la misma suerte.
Para quienes desean permanecer en EE.UU., Chávez dijo que los abogados de inmigración han estado argumentando que Venezuela todavía no es un país seguro. “Están todos los colectivos (grupos armados progubernamentales en Venezuela). No sabemos qué va a pasar”, dijo. Subrayó que los solicitantes de asilo deben hablar con sus abogados para fortalecer sus casos.
Diana V., de 31 años, solicitante de asilo venezolana que vive en Yonkers, dijo que le preocupa la posibilidad de que EE.UU. niegue las solicitudes de asilo basándose en la captura de Maduro. Ella y su esposo, Ricardo C., de 31 años, han estado preocupados, especialmente porque su audiencia final — en la que el juez aprobará o negará su petición — se llevará a cabo en marzo. Huyeron de la persecución política y llegaron a EE.UU. en diciembre de 2022.
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“Ya tenemos tres años aquí donde ya tenemos un hogar, donde nos hemos establecido, estamos aprendiendo esta cultura, estamos esforzándonos todos los días, trabajando”, dijo Diana V.. “Regresar a Venezuela, donde no tenemos la libertad [de hablar] que podemos tener acá, sería como un choque”. Diana V. agregó que la terminación del TPS para venezolanos también fue desmoralizante, ya que les quitó una protección que ambos habían recibido.
Al igual que Chávez, la pareja enfatizó que la captura de Maduro es solo un comienzo —que celebraron uniéndose a un desfile cerca de su casa—, pero también que Maduro era solo “quien daba la cara a la dictadura, pero no el cerebro quien mueve los hilos, quién está detrás de todo eso”.
Ricardo C. añadió que familiares y amigos en Venezuela tampoco han podido celebrar la captura de Maduro por miedo a ser detenidos. “Hemos visto en WhatsApp y en las redes sociales que los colectivos están en las calles, intimidan a la gente, revisan los celulares”, dijo.
“Hay aún personas peores que él en Venezuela, entre ellos Diosdado Cabello, quien controla parte de lo que son los colectivos”, continuó Ricardo C., en referencia al ministro del Interior de Venezuela que controla el aparato de seguridad del régimen y cuya influencia rivaliza con la de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Ambos reiteraron que les gustaría ver en el futuro una Venezuela que les dé los mismos derechos y libertades que tienen aquí.
Meléndez subrayó que las solicitudes de asilo no deben estar vinculadas a la captura de Maduro y dijo que la opresión que se vive desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999 sigue afectando hoy a la comunidad venezolana, de la misma manera que lo ha hecho durante los últimos 27 años. Explicó que los colectivos — junto con figuras poderosas como Cabello, Padrino López y los hermanos Rodríguez — continúan persiguiendo a los venezolanos por alzar la voz.
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“Cada caso de asilo se basa, porque es importante decirlo, en una razón particular de persecución y no en el liderazgo de un país”, dijo Meléndez.Añadió que aunque el líder de un país puede ayudar a fortalecer un caso, lo que importa para los solicitantes de asilo es lo que pone a una persona en riesgo de persecución.
Mientras tanto, a medida que se acerca su audiencia, Ricardo C. y Diana V. dicen que han estado al tanto de los nuevos acontecimientos y están en comunicación con su abogado para asegurarse de estar preparados. “Hay muchos cambios y, obviamente, tenemos ese miedo de que nos digan no, ustedes tienen que volver a su país porque ya cambió”, dijo Ricardo C. “Pero el régimen no ha caído. Ellos todavía están allí, ellos todavía gobiernan”.
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