La lucha de una familia por traer de regreso a su padre

Don Lupe llevaba 27 años viviendo en Estados Unidos cuando fue detenido por agentes de ICE durante una redada laboral en Nueva Jersey. Su familia luchó por lograr su liberación.

Rommel H. Ojeda

Nov 19, 2025

Don Lupe, surrounded by his family. Photo: Corrie Aune for Documented.

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Las mañanas de Don Lupe siempre comenzaban de la misma manera: despertarse a las 5:30 a.m., preparar café y luego ver las noticias en Telemundo o Univisión. Perfeccionó su rutina durante los últimos 11 años como asociado de almacén en Alba Wines and Spirits Warehousing and Distribution en Edison, Nueva Jersey. La mañana del 8 de julio no fue diferente.

Con el café en mano, encendió las noticias. Ese verano, los titulares sobre inmigrantes detenidos durante redadas laborales en Nueva Jersey se habían vuelto más frecuentes, un hecho que evitaba comentar con su esposa. Ella sufre de presión arterial alta y él no quería que ella se preocupara por él. “Pero en mi mente”, dijo, “sabía que un día, tal vez, eso podría pasarme a mí”.

Después de terminar su café, a las 6:30 a.m.,  ya estaba listo para salir. Caminó hasta la entrada de su casa y se detuvo frente a un retrato del Señor de la Misericordia.Tomó un momento para orar, como lo había hecho cientos de veces antes. “Le pedí a Dios que me protegiera, que protegiera a mis hijos y a todos los que salían a trabajar”, recordó. “Más que nada, le pedí a Dios que nos protegiera de inmigración y que nos dejara volver a casa”. 

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Luego salió rumbo al trabajo y tomó el mismo autobús que había tomado innumerables veces.

Don Lupe estaba en su descanso cuando vio a oficiales de CBP entrar al edificio, en el 31 de Saw Mill Pond Road. Ya habían ido a su trabajo en el pasado, pero esta vez notó que los agentes de aduanas venían acompañados por un grupo de oficiales de inmigración. “No nos prestaron atención”, dijo Don Lupe. “Caminaban hacia otra área, 360 Mill Road, a cinco minutos de donde yo estaba, directamente hacia otro edificio”.

Momentos después, una supervisora regresó del 360 Mill Road con un papel en la mano. Pidió que todos los recolectores y operadores de maquinaria del área donde estaba Don Lupe se reunieran. Agentes de ICE comenzaron a custodiar las entradas y salidas.

Don Lupe, quien estaba sentado, escuchó a los agentes hablar en inglés. “Uno de ellos dijo ‘No, pero estamos en el lugar equivocado’. Luego, otro dijo, ‘Pero dicen que esta es la misma compañía. Es el mismo lugar’”.

Don Lupe recordó que los agentes sentaron a los trabajadores en el centro del almacén y formaron un círculo a su alrededor. Mientras hacían eso, Don Lupe pensaba: la idea de abandonar a su esposa; la idea de abandonar a cinco de sus hijos; la idea de que su vida en Estados Unidos, tras 27 años desde que migró de Puebla, México, había terminado de repente.

“Hay una redada en el trabajo de tu papá”

Durante los últimos 27 años, Don Lupe y su familia han construido una vida en Estados Unidos. Aquí, su retrato familiar aparece enmarcado en un adorno de plata esterlina. Foto: Corrie Aune para Documented.

La hija de Don Lupe, A.L., estaba preparando materiales para enseñar a su clase de preescolar. Alrededor de las 9:30 a.m. notó que se sentía inusualmente nerviosa, aunque no sabía por qué. Ese día, dijo, decidió mantener su teléfono en el bolsillo en lugar de guardarlo en su bolso como normalmente hacía. A pesar de recibir notificaciones en Facebook, dijo que las ignoró hasta que su mamá llamó. 

“Hija, no te asustes”, dijo su madre por teléfono, llorando. “No va a pasar nada. Pero hay una redada en el trabajo de tu papá”.

A.L. le dijo a su asistente que se ausentaría cinco minutos y fue al baño. Ahí, comenzó a ver las publicaciones y notificaciones de Facebook sobre las redadas de inmigración que estaban ocurriendo en Edison. En una de las publicaciones, dijo, vio los edificios que había llegado a conocer cuando llevaba a su papá al trabajo durante los días de lluvia.

“Cuando vi ese parqueadero y vi que los agentes de inmigración estaban entrando y saliendo por la puerta donde mi papá entraba, sentí que se me estaba cayendo el mundo”, dijo A.L. Incapaz de concentrarse, le pidió a su directora que la excusara debido a una emergencia familiar.

Para las 10:30 a.m., A.L. llegó a la casa de su mamá y vio que cuatro de sus hermanos ya estaban ahí, rodeando a su mamá. Todos habían estado preocupados por ella, ya que sufre de asma, depresión y presión arterial alta. Su otro hermano, que vive en México, también había sido informado de la situación para ese momento y había comenzado a buscar a Don Lupe con la herramienta de localización de ICE, que muestra la ubicación de los inmigrantes detenidos por ICE.

“Mi papá es un señor mayor, estábamos preocupados de cómo lo iban a tratar”, dijo A.L.

Su papá, sin embargo, no aparecía en la herramienta de localización, así que la familia de seis comenzó a buscar soluciones. Dado que habían tenido una mala experiencia en el pasado con la abogada que manejó el caso del hermano de A.L., la familia decidió ir a su iglesia cercana para hablar con su pastor. Ahí, dijo, el pastor le recomendó una abogada que le había cotizado 3.500 dólares solo para familiarizarse con la situación de Don Lupe.

A.L. llamó rápidamente a su esposo. “Le dije, ‘Necesito que me apoyes, necesito sacar el dinero de los ahorros de las niñas’”, recuerda. Su esposo le dijo que hiciera lo que necesitara hacer y la animó a mantenerse calmada y a asegurarse de que los abogados que estaban buscando fueran buenos y pudieran asumir el caso. Durante casi cuatro horas, dijo, todos los miembros de la familia llamaron apresuradamente a cada abogado de inmigración y organización que conocían, pero finalmente decidieron elegir una abogada al día siguiente, cuando estuvieran más tranquilos.

Don Lupe trabajaba manejando y preparando mercancía para Alba Wines and Spirits Warehousing and Distribution, que se especializa en la logística y el almacenamiento de licor y vinos. La empresa es un Almacén Aduanero, donde las mercancías importadas pueden almacenarse o procesarse antes de pagar los impuestos de importación. Las empresas usan estos almacenes para retrasar el pago de impuestos hasta que los productos se vendan en Estados Unidos o se exporten a otro lugar.

En los 11 años que ha trabajado ahí, Don Lupe dijo que no era inusual que agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) realizara inspecciones autorizadas y sin previo aviso para asegurarse de que la instalación cumplía con los protocolos. Pero dijo que las visitas de CBP se habían vuelto más frecuentes desde que Trump asumió el cargo. CBP visitaba con frecuencia las áreas donde el producto se almacenaba y empaquetaba para su distribución. “Era raro que fueran a donde se reunían los recolectores para recoger los productos para el mercado”.

Después de que su supervisora les dijera que se reunieran, Don Lupe detuvo su descanso de almuerzo y se unió a los otros recolectores y operadores de maquinaria. El grupo de trabajadores luego caminó hacia el 360 Mill Road. Los agentes se colocaron dentro de una de las cafeterías donde sacaron computadoras portátiles para verificar la identidad de los trabajadores. Luego, dijo, un oficial pidió que todos los ciudadanos estadounidenses se colocaran a la derecha y quienes no eran ciudadanos se colocaran a la izquierda.

“Por suerte o mala, yo era el primero que estaba a la izquierda”, dijo Don Lupe.

Un agente dentro de la cafetería le pidió a Don Lupe su identificación, a lo cual no respondió. Luego le pidió su licencia de conducir. “Revisó y dijo, ‘No estás en el sistema’ ”, recordó Don Lupe. “Luego le dijo a uno de los tres guardias que estaban detrás de mí que me arrestara. Yo fui el primero en ser arrestado”.

Los agentes fueron rápidos. Lo esposaron con cinchos plásticos y luego lo sacaron de la instalación. Don Lupe recuerda haber visto que una multitud de personas había llegado al lugar: reporteros de televisión, activistas, sacerdotes y también más agentes de inmigración. Dijo que los agentes de ICE lo mantuvieron ahí durante 20 minutos y que tomaron toda la documentación que llevaba con él. Después de que otros 12 trabajadores pasaron por el mismo proceso, los subieron a una camioneta y los llevaron a un centro en Elizabeth, donde fueron procesados.

“Dile a nuestros hijos que no se preocupen por mí”

Sobre un mantel floral, varias fotos de la familia Lupe están esparcidas sobre la mesa. Foto: Corrie Aune para Documented.

Habían pasado dos días desde la última vez que A.L. recibió la notificación en su teléfono. Cada mañana, sin falta, el mensaje de su padre aparecía en el grupo de WhatsApp familiar: “Buenos días, Dios los bendiga, cuídense mucho”.

En cambio, el chat del grupo se había llenado de mensajes de texto de familiares tratando de localizar el paradero de su padre. Cada vez que llamaban al centro de detención Delaney Hall en Newark, NJ, A.L. dijo que recibían el mismo mensaje: “La persona no está en el sistema”.

No fue sino hasta dos días después de su arresto que Don Lupe pudo hacer una llamada a su esposa, preguntando si la familia podría buscar asistencia legal. A.L. dijo que su mamá le confirmó que ya estaban buscando un abogado y le pidió que tuviera fe en que todo estaría bien.

“Por la grabación que mi mamá nos mandó, él estaba más preocupado por nosotros que por él mismo”, explicó A.L. Dijo que eso demostraba su carácter desinteresado que se había convertido en su sello distintivo en la comunidad. “Le dijo a mi mamá: ‘Dile a nuestros hijos que no se preocupen por mí, que todo va a salir bien’”.

Por la tarde, Haidy Torres, una organizadora de Movimiento Cosecha, a quien A.L. había contactado para pedir ayuda, llegó a la casa de Don Lupe con otras personas, incluyendo a uno de los pastores de su parroquia local y les dio una lista de abogados con los que recomendaban hablar. A.L. dijo que Torres les comentó que Movimiento Cosecha podría cubrir parte de los costos legales.

Uno de los abogados con los que habló A.L. la dejó sintiéndose sin esperanza, recuerda. “Me dijo que no había posibilidades para mi papá”.

Torres le dijo a A.L. que no se preocupara, que ella consultaría de inmediato con otro abogado — Jeremy Jong — para ver si aceptaría el caso de Don Lupe. “Recé a Dios para que dejara que mi papá se quedara aquí con nosotros un poco más de tiempo”, dijo A.L., agregando que el dinero que ganaba su papá siempre era para ayudar a la familia o a otros a su alrededor. “Así que, en ese momento, estábamos en manos de Dios”.

Aproximadamente una hora después, Torres llamó a A.L. y le dijo que Jong había aceptado tomar el caso.

“El olor se me penetro en la mente”

Don Lupe se sienta en su porche. Foto: Corrie Aune para Documented.

Las luces dentro del centro de detención Delaney Hall eran más brillantes que el sol, dijo Don Lupe. Describió las condiciones como aislantes y abusivas. “Está hecho para deprimir a la gente y que se autodeporten”, dijo.

Sin un calendario para saber qué día era, Don Lupe dependía mucho de las llamadas telefónicas diarias que hacía a su esposa e hija para llevar la cuenta del tiempo. Explicó que a los detenidos solo se les permitía ver la luz del sol durante 30 minutos cada día, cuando los sacaban a un área al aire libre cercada. El olor fuerte del pasto sintético hizo que Don Lupe eligiera quedarse adentro. Solo salió una vez durante sus dos meses en detención. “No quería salir porque se me quedó, el olor se me penetró en la mente”.

Durante dos semanas Don Lupe sufrió una infección en la garganta pero, en lugar de recibir antibióticos, le dieron pastillas para dormir. Dijo que los artículos básicos de higiene — como cepillos de dientes o jabones — eran tan pequeños que las personas se veían obligadas a comprar sus propios productos en la comisaría para mantenerse limpias. Todos estos factores, dijo, afectaban psicológicamente a los detenidos, principalmente a los más jóvenes que no tenían dinero para comprar cosas ni familiares en EE.UU. que los llamaran.

Algunas de las personas detenidas habían salido de su país cuando eran niños y le contaban a Don Lupe que ni siquiera sabían qué hacer si eran deportados. Don Lupe le dijo a un joven mexicano que él podía mostrarle la Ciudad de México aunque él mismo no había estado en su país por más de dos décadas.

Un hondureño de veintitantos años le dijo que firmó un acuerdo de salida voluntaria, citando las condiciones insoportables. Pensó que lo liberarían del centro de detención en pocos días. Sin embargo, tuvo que esperar dos meses antes de que siquiera le dieran la fecha de su liberación.

“Esto es un negocio y todo se basa en dinero”, dijo Don Lupe. “Hay muchas cosas que son inhumanas. Tiene más beneficios [el negocio] que él esté en prisión”.

A.L. recuerda un olor fuerte y desagradable afuera del centro de detención Delaney Hall en Nueva Jersey. El verano era tan caluroso que muchas familias llevaban paraguas para tener sombra mientras esperaban durante horas para ver a sus seres queridos.

“Como si fueran criminales”

Don Lupe en la entrada de su casa, sosteniendo a su gatita. Foto: Corrie Aune para Documented.

Mientras esperaban, los guardias les decían constantemente que se movieran o que se pararan en otro lugar. “Es como si fuéramos criminales, como que hayamos matado a alguien para que nos traten así”, explicó A.L. Dijo que su hermano la miraba y le preguntaba: “¿Te imaginas si así nos tratan aquí afuera, que a nosotros  no nos tienen encerrados, cómo estarán tratando a papá adentro?”

A.L. le recordaba a su hermano que no se preocupara, que no le harían daño a su papá.

Finalmente, después de cuatro horas en la fila, llegó su turno. Lo que vio no se le borraría nunca de la memoria. 

El cuarto era blanco y grande. Solo unas sillas salpicaban el espacio vacío. Muchos hombres,  incluyendo a Don Lupe, estaban alineados, con la espalda contra la pared. “Como si fueran criminales”, dijo A.L. Los organizadores de Movimiento Cosecha le habían dicho a A.L. que solo una persona podría abrazar a Don Lupe a la vez. Su hermano había acordado abrazarlo primero y A.L. le daría el abrazo final.

“Tienes que tener el corazón muy duro para no llorar, porque lloras por tu familia y lloras por la gente que encuentras en ese momento”, dijo A.L. “Vi a niños pequeños con sus padres, vi a mujeres embarazadas, vi a madres que iban a ver a sus hijos y vi a esposas que iban a ver a sus esposos”.

Cuando vio a su padre, dijo que parecía otra persona, mucho más envejecido que cuatro días antes y que se veía agotado. Cuando Don Lupe se les acercó, su hermano caminó para abrazarlo. A.L. observó mientras los dos se abrazaban. Luego, para su sorpresa, el guardia de seguridad le dijo que también podía abrazar a su padre. “No sé si sintió tristeza por nosotros pero me dijo que lo abrazara y que le diera apoyo. Dijo, ‘él te necesita’”.

Por primera vez desde la detención de su padre, A.L. dijo que se sintió protegida, envuelta en los brazos de su papá. Como era de esperarse, durante la conversación, Don Lupe estaba más preocupado por sus nietas, sus hijos, su esposa y su iglesia que por él mismo, recordó con una sonrisa que conocía bien. Ella le aseguró que todo estaba bien afuera y que muchos miembros de la comunidad estaban apoyándolo; muchos habían tocado su puerta y dado donaciones para ayudar a cubrir los costos legales.

Aunque tenía miedo de ir al centro de detención, ya que había visto que muchos residentes permanentes y ciudadanos eran detenidos por ICE en el país, dijo que su amor por su padre era más fuerte que su miedo y que quería que supiera que no estaba solo.

Durante los siguientes dos meses, hablaría con su padre cada tarde por teléfono y lo visitaría cada sábado para mantenerlo al tanto del desarrollo de su caso.

En el primer mes de su detención, A.L. dijo que la esperanza de Don Lupe se desvanecía con cada llamada y visita. Hizo todo lo posible por animarlo y con frecuencia le recordaba que era una buena persona y que merecía ser libre.

Fuera del centro de detención, sin embargo, también estaba en contacto con Jong, el abogado de inmigración de Al Otro Lado que había asumido el caso de Don Lupe. “Me dijo: ‘Voy a ser honesto contigo, la situación está muy difícil pero voy a hacer todo lo que pueda para intentar sacar a tu papá. Si no lo dejan quedarse aquí, voy a sacarlo para que se vaya a México por su cuenta’”.

Durante la primera audiencia en la corte, el 7 de agosto, Jong le dijo a A.L. que iban a pedir fianza al juez de inmigración. A.L. llamó a su papá y le dijo que estaba rezando para que todo saliera bien y su papá respondió que ella debía rezar por todos los que irían a corte ese día.

En Jong, A.L. vio a un hombre apasionado. Uno dedicado a su trabajo y alguien que haría todo lo posible para encontrar caminos para que su papá fuera liberado. “Nunca, nunca en mi vida he visto a un abogado que luche un caso con tanto fervor, con tanta emoción de querer ganarlo”.

Durante la primera audiencia, el juez de inmigratión otorgó una fianza de 7.500 dólares a Don Lupe. A.L. se sintió eufórica cuando recibió el mensaje de Jong. Pero su emoción rápidamente se convirtió en pánico porque nunca había pagado una fianza antes. Recuerda haber preguntado cómo se hacía el pago. Jong le recomendó que esperara porque el gobierno podría apelar la fianza.

En conversaciones posteriores con Documented, Jong dijo que un juez de inmigración le otorgó fianza a Don Lupe pero que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) no le permitió pagarla bajo la regulación conocida coloquialmente como “automatic stay”. Bajo esta regulación, el DHS puede frenar la orden de liberación de un juez y mantener detenida a una persona al menos 90 días mientras apela la decisión.

“ICE se niega a dejar que la pague, así que tuve que presentar una demanda federal para presionarlos a liberarlo”, explicó Jong, agregando que conseguir fianza ya es muy difícil por sí solo, incluso si tienes un abogado dispuesto a pelear por ti. Jong, que ha ejercido como abogado de inmigración por más de una década, dijo que procedimientos que antes tomaban cuatro horas ahora toman 100 horas de trabajo debido a los obstáculos que los abogados deben sortear con esta administración.

Pero más allá de las batallas legales individuales, Jong le dijo a Documented que las detenciones que están ocurriendo en Edison, y en todo el país, deberían preocupar a toda la nación, no solo a los inmigrantes. “No les importó que las otras 80 personas tuvieran un estatus, no les importó que muchos fueran ciudadanos estadounidenses”, dijo. “Lo único que les importaba era que eran morenos y que podían hacer lo que quisieran.”

Con la fianza apelada, su papá seguiría detenido por un mes más.

“Lo están dejando salir”

Don Lupe, sonriente, se sienta a la cabecera de la mesa del comedor y conversa con su familia. Foto: Corrie Aune para Documented.

Un mes después de que se apelara la fianza de Don Lupe, manteniéndolo en detención, tenía una audiencia programada para el jueves 11 de septiembre a las 9:30 a.m. A.L., su mamá y sus hermanos estaban muy nerviosos esa mañana, recuerda. Pero habían rezado y le habían deseado suerte a Jong por mensaje de texto..

A las 9:33 a.m., recibió un mensaje de texto de Jong. Según capturas de pantalla compartidas con Documented, decía: “They are letting him out” (Lo están dejando salir).

A.L. estaba en su salón de clases cuando recibió el mensaje. Dijo que lo copió y lo tradujo al español solo para no ilusionarse en vano. Después de confirmar que su papá sería liberado, corrió al mismo baño al que había escapado la primera vez que detuvieron a su padre y lloró desconsoladamente. Dijo que le tomó algunos minutos calmarse y llamar al grupo familiar de WhatsApp.

Toda la familia contestó el teléfono de inmediato, habían estado esperando esa llamada desde la audiencia de esa mañana. “Dejan a papi libre, lo van a dejar libre”.

A.L. salió del baño y se topó con la directora, quien le preguntó si estaba bien. No pudo contener las lágrimas. La directora le respondió con un abrazo. A.L. le dijo que su papá había estado detenido por dos meses pero que ese día lo liberarían. La directora la abrazó otra vez y le dijo: “‘Ve a buscar a tu papá y dile que no todos somos malos en América. Hay estadounidenses que los quieren’”.

Cuando A.L. llegó a casa, dijo que lloró con su mamá. Sus hermanos llegaron después a la casa y, juntos, esperaron que Jong les avisara si Don Lupe sería liberado ese mismo día.

Cuando estaban a punto de almorzar, Don Lupe llamó a su esposa y le dijo: “Me van a sacar ya, me dicen que ya me van a sacar. No tengo mucho tiempo, ¿puedes preguntar si mi hija puede venir a recogerme?”

A.L. dejó el almuerzo a medio comer sobre la mesa y salió de inmediato con su hermano para emprender el mismo viaje de una hora que habían hecho cada sábado durante los últimos dos meses.

Cuando llegaron a Delaney Hall, A.L. y su hermano se encontraron con la misma escena que habían visto tantas veces antes: filas de personas esperando durante horas para ver a sus seres queridos.

A.L. le preguntó al guardia de seguridad si alguien había salido liberado del centro. El guardia le respondió que nadie había salido aún y les pidió a los dos hermanos que se colocaran a un lado y que él les avisaría si veía salir a alguien, dijo.

Tres horas después, el guardia les hizo una seña de nuevo y preguntó: “¿Es él?” A través de un espacio en una puerta con reja, señaló a un hombre que venía desde dentro del centro de detención.

Desde lejos, A.L. reconoció la misma ropa que su papá había usado para ir al trabajo muchas veces: una gorra negra, un pantalón de mezclilla desteñido, una camiseta negra y una camisa blanca de manga larga debajo. En su mano, vio que llevaba la misma carpeta manila que había visto a otras personas cargar en el pasado cuando salían libres.

El guardia se volvió hacia ellos y, con los ojos bien abiertos, volvió a preguntar: “¿Don Lupe es su papá?” A.L. confirmó otra vez y el guardia le dijo que Don Lupe era una de las mejores personas que había conocido. Contó una historia sobre cómo Don Lupe compraba sopas instantáneas y las compartía con otros detenidos y que ofrecía consuelo a quienes no tenían familia que los visitara. “‘Tienes a uno de los mejores papás. Cuídalo, protégelo’”, le dijo el guardia.

Cuando Don Lupe llegó a la reja, saludó al guardia con un medio abrazo. “Gracias, cuídate mucho, ¿sí?” le dijo Don Lupe al guardia en un video compartido con Documented.

Y luego se volvió hacia A.L., quien lo abrazó y comenzó a llorar en sus brazos. “No llores”, dijo Don Lupe. “Estoy aquí”.

A.L. recuerda ese día como un sueño hecho realidad. “Ese día lloré tanto… Tenía mucho dolor adentro que no podía sacar con nadie”, dijo. “Sabía que si lloraba antes, toda mi familia se caía. Entonces guardé mucho dolor”.

Condujeron de regreso a casa donde toda la familia — nietas, madre y hermanos — lo esperaba.

En un video compartido con Documented, Don Lupe es abrazado por su esposa, quien llora y lo abraza durante más de un minuto. “Está bien, ya estoy aquí”, dice Don Lupe antes de volverse hacia su nieta, quien le levanta un gato hacia él. Don Lupe presiona su frente suavemente contra la cabeza del gato. “Tu tito ya volvió”, dijo A.L.

Momentos después, A.L. llamó a Haidy y a Jong para avisarles que Don Lupe había llegado a casa.

“El miedo siempre va a estar ahí”

ajo una luz salpicada, Don Lupe se coloca junto a una imponente planta de cempasúchil. Foto: Corrie Aune para Documented.

El domingo 14 de septiembre, Don Lupe se dirigió a una iglesia en Highland Park, donde ha servido como sacristán durante casi 17 años. Sus tareas incluyen abrir las puertas, preparar las celebraciones litúrgicas, alistar las hostias, el vino, las lecturas y asegurarse de que todo esté listo para que el sacerdote pueda celebrar la misa. Hacía esto tanto para la misa en español por la mañana como para la misa en inglés por la tarde.

Dijo que los únicos periodos en los que ha faltado a la iglesia fueron en 2021, cuando estuvo internado durante dos semanas en el hospital Robert Wood Johnson en New Brunswick, NJ, debido al COVID. La otra ocasión, dijo, fueron los dos meses que estuvo detenido en Delaney Hall.

“Soy muy devoto de mi iglesia”, dijo, agregando que siempre está al pendiente de los miembros de su comunidad, incluso si eso implica ponerse en riesgo de ser detenido. “Dios no quiera que pase algo, tengo que ser el primero que esté al frente”.

El día que regresó pidió a su hija que escribiera el nombre de todas las organizaciones y personas que lo ayudaron mientras estuvo detenido, incluyendo el nombre del abogado, los pastores y los obispos que le enviaron cartas.

Durante la misa, Don Lupe dijo que el pastor lo comparó con Lázaro, quien fue resucitado en la Biblia y sirve como metáfora del poder y la autoridad de Jesús en la promesa de la vida después de la muerte.

“Fue tan lindo que hasta la lectura que se leyó era como lo que me había pasado a mí”, dijo Don Lupe, con lágrimas en los ojos durante una videollamada. El sacerdote leyó un pasaje en el que Dios les dice a sus seguidores que carguen su cruz y lo sigan, lo cual sintió que lo conectaba profundamente. “A veces las dificultades que tienen en casa, las enfermedades y todo eso viene incluido en que tenemos que seguir”.

Sin un permiso de trabajo, Don Lupe pasa la mayor parte de sus días en casa cuidando de su esposa y acompañándola a sus citas médicas. En su tiempo libre le gusta pasar tiempo con sus tres gatos, periquitos y cuidar su acuario, que alberga una variedad de peces dorados y tipo koi. También atiende su jardín, donde ha cultivado tomates verdes, calabacines, zapallos y otras verduras.

Durante la temporada de otoño ha cultivado cempasúchil, conocida como la flor de los muertos en México. “En mi país le decimos la flor de los muertos, una flor amarilla que se coloca en los cementerios”, explicó, refiriéndose a la celebración del Día de los Muertos, que rinde homenaje a los seres queridos que han fallecido.

Aunque ha retomado la mayoría de las actividades que solía hacer antes de ser arrestado, dijo que tiene miedo de salir de su casa y caminar fuera de su vecindario. Cada vez que tiene que ir a la tienda, a la iglesia o al médico, reza a Dios para poder regresar a casa. Dijo que los pensamientos de abandonar nuevamente a su esposa, a sus hijos y a su comunidad le generan mucho estrés. “El miedo siempre va a estar ahí, nunca se va a borrar, a menos que el gobierno nos dé una oportunidad de quedarnos”.

“Yo le podría decir que todititos los que estamos irregulares aquí sienten lo mismo. Todos andamos con miedo”, reiteró Don Lupe. “Pidiéndole a Dios que nos ayude cuando uno sale de una casa de qué tenga la oportunidad de regresar”.

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El 8 de julio, agentes federales detuvieron a 100 trabajadores y arrestaron a 20 inmigrantes sin autorización, incluido Don Lupe, durante una redada laboral en Alba Wines and Spirits Warehousing and Distribution, una bodega aduanera en Edison, Nueva Jersey. Aunque CBP ha tenido durante mucho tiempo la autoridad para realizar inspecciones sin previo aviso en los almacenes aduaneros, defensores señalan que la participación reciente de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) marca una nueva táctica para maximizar arrestos en lugar de garantizar el cumplimiento de la ley. Desde el verano, al menos otras dos instalaciones han enfrentado acciones similares en Edison, donde se detuvo a 49 inmigrantes. En octubre, 46 trabajadores fueron arrestados en otro almacén aduanero en el condado de Middlesex.

Defensores advierten que probablemente haya más operativos en el horizonte y afirman que estas redadas marcan un giro preocupante en la aplicación de leyes migratorias, uno que apunta a personas trabajadoras como Don Lupe, cuya ausencia deja un vacío en su comunidad. Más allá del impacto emocional de la separación familiar, su detención también causa estrés financiero a sus familias ya que, en muchos casos, son el principal sustento.

“Los trabajadores saben que están ocurriendo redadas en almacenes aduaneros pero la necesidad de trabajar para poder pagar la renta y la comida de sus familias es más grande que el miedo a ser secuestrados por ICE. Es desgarrador. Nuestra comunidad ya estaba luchando por sobrevivir y ahora tenemos que enfrentar el estrés, la ansiedad y el miedo de presenciar y experimentar la violencia de ICE”, dijo Haydi Torres, organizadora con Movimiento Cosecha.

Torres, quien asiste a inmigrantes desde la primera administración de Trump, ha estado documentando redadas laborales desde enero y dijo que con frecuencia habla con personas en centros de detención que le cuentan que fueron arrestadas en su lugar de trabajo. “Algunos de ellos no han sido reportados por redes comunitarias de respuesta rápida ni por ningún medio de comunicación”, dijo.

Don Lupe fue liberado el 11 de septiembre, después de que el DHS desestimara su caso. Tiene una petición pendiente presentada por uno de sus hijos, quien es ciudadano estadounidense y mayor de 21 años.

El DHS no respondió a las repetidas solicitudes de comentarios de Documented sobre las detenciones en Alba Wines and Spirits, si la empresa enfrentó sanciones o cuán frecuentes han sido operaciones similares en Nueva Jersey.

Rommel H. Ojeda

Rommel is a bilingual journalist and filmmaker based in NYC. He is the community correspondent for Documented. His work focuses on immigration, and issues affecting the Latinx communities in New York.

@cestrommel

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